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Estacionamiento Saba Plaza Mekis

Agustinas 735-A, Santiago

Dónde descansan las maquinas motorizadas

Estoy aquí abajo, en territorio ajeno. Cambia el aire, pesa. Los olores son penetrantes, desagradables, estimulantes. La nariz baja su ritmo por si sola, trata de respirar lo menos posible en esta atmosfera gaseosa, toxica. Se escuchan ruidos, chirridos, el sonar agudo de las llantas en fricción contra el asfalto contrasta con la vibración en grave frecuencia de algún motor andando. Hace calor y la luz es otra, opaca. Pasan caminando de vez en cuando algunos humanos en dirección a la escalera que los lleva a la superficie. También entran y salen muchos autos, de distintos tamaños, colores y formas. Pero la mayoría de estas máquinas reposan aquí refugiados, en quietud y silencio, esperando pacientemente que llegue su aliado de carne para que lo ponga en marcha, para que lo animé una vez más. Este espacio les pertenece. Fue creado, planificado y es mantenido para ellos. En eso, me encuentro con un hombre que, antes de entrar a su vehículo, lo roza suavemente con su mano en el capo, lo acaricia. Luego lo echa a andar y siguen su camino, juntos. Estos ensamblajes complejos, de múltiples materialidades y tecnologías provenientes de distintos países, producto de un capitalismo globalizado vertiginoso, se corresponden con el humano de manera tal que basta con ver cómo la ciudad se ordena en razón de ellos. Nuestros ensueños, anidados entre cables y tuercas, son los mismos que estas máquinas motorizadas. Somos-con estas.

Tomas Sarasibar
Jeronimo De Munter