Movimiento y utopía. De la ciudad que vino
Paso Santa Lucía. Se hunde por la Alameda. Se abre al exterior y se bifurca en Carmen y Diagonal Paraguay. El nivel se hunde, el cerro crece, caen, busca el suelo su vegetación; la avenida se sobrepone y cruza. El túnel abraza la luz, la amobla a su espacio subterráneo, el sonido se envuelve y rebota: motores y bocinazos. Túnel, fugaz territorio de vehículos motorizados, al menos por su calzada. Aceras, ceñidas para un estrecho andar. A un lado pared, al otro, raudo flujo. Al suelo, arrugados y rasgados textiles; pedazos de vidrios ámbar y verdes; excrementos, algunos más secos que otros. Intenso y cerrado olor. Tags, firmas, consignas y grafitis en las paredes del túnel. Se reafirman por sobre una trama de cerámicas vidriadas de 2x4 centímetros, que se suceden verticalmente, se cruzan transversalmente en diagonales que repuntan en curvas fluidas, ligeras, que montan una plasticidad, proyectan un movimiento que quebranta las rectas cuadriformes cerámicas. Es el remanente de una ciudad, de una que vino, de una utopía urbana que se manifestó, pero se quedó en quimera, en posibilidad presente. Desarrollar y remodelar, reestructurar e integrar, proyectar y avanzar. Fue una ciudad que se soñó, se asomó, y se golpeó. ¿Arte a disposición de un proyecto de ciudad, producto de una labor colectiva, sentido estético integrado al desarrollo modernista del tránsito? Vial, Martínez y Ortúzar. Avanzar, cruzar y proyectar. Mirar hacia el futuro es mirar hacia donde no se ve.













