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Galería Agustín Edwards

Compañía de Jesús 1048, Santiago

El limbo bajo el suelo

Tomás Sarasibar 27/08/2025

Es curiosa la estructura de la galería en Merced 839 dónde están los juegos Diana, uno tiende a pensar (a pesar de mi comodidad en los subterráneos) que mientras se va descendiendo uno puede tropezar con lo prohibido o escondido, pero este espacio no sigue los mismos principios que otras galerías del centro. Aquí se entremezclan los productos cosméticos, los cafés con pierna y las máquinas arcade. Las luces están emparentadas, el neón tiene continuidad en los últimos dos pisos. En este lugar algunos hombres pasan directamente desde los juegos Diana a los cafés con pierna. El tragaluz en el techo se vuelve un elemento difícil de ignorar, su luz es cegadora, se vuelve obligatorio mirar hacia abajo y refugiarse en las luces de neón. Estas son nuestras glamorosas luces de la avenida The Strip en Las Vegas Boulevard.

En la Galería Edwards, en cambio, el subterráneo se siente estancado. La ciudad parece no continuar cuando es hacia abajo. Mientras más cerca está la superficie, la luz aumenta, las cosas se tornan más significativas, más vigentes y menos olvidadas. Abajo hay polvo y artilugios caros; hay recuerdos y cápsulas de tiempo escapando del mundo moderno.

El abandono en la superficie es diferente al abandono en el subterráneo, los subterráneos no tienen que estar vacíos para ser olvidados, lugares que en algún momento estuvieron llenos de vida ahora permanecen estáticos y aun así pueden entregar serenidad, como la casa de una abuela donde cada artefacto es ordenado por su comprensión del amor. La nostalgia es algo que está de forma permanente en las galerías subterráneas y estos lugares son conscientes de sí mismos como lo son las personas que lo habitan. Estos lugares aún están vivos, son una moneda de oro ignorada bajo las calles del centro de Santiago.

Oscuro cobijo

Gabriel Marín 27/08/2025

Bajando las escaleras sentí un aire caliente correr por mis hombros. Al recorrer con cautela, me encontré con un espacio de luz y oscuridad, deseo y represión, libertad y desesperación, claustrofobia y vértigo. Se forma un espacio-tiempo distinto, que le exige agudeza a los sentidos. Los olores pesan y sonidos rebotan en las paredes, las imágenes se deforman y la sensación háptica es confusa.

Se genera una sinestesia que todo lo transforma y desvía la atención hacia fenómenos que están escondidos. En este lugar penumbroso se cobija lo que en la superficie no es aceptado, y para asimilarlo, nuestros sentidos y pensamientos se modulan en sintonía con otra clave, una clave baja, subterránea, profunda. Este espacio nos obliga a mirar más hondo e interpela los confines de nuestra propia existencia.

© Fotografías: Jerónimo De Munter